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mercredi, avril 18, 2007

La puritita verdad



« ¡Toditito yo soy una provocación! »*


* Paco Ignacio TAIBO II entrevistado por Carmen ARISTEGUI, en la retransmisión de su noticiero Aristegui en CNN en español, el domingo 15 de abril de 2007.



Paco Ignacio hablaba sobre sobre su libro, El cura Hidalgo y sus amigos. 53 viñetas de la guerra de independencia y, a respuesta a la insistencia de la periodista, no sólo calificaba así al libro, sino también a sí mismo. Al respecto, cito las declaraciones del autor recogidas en una nota de Éricka Montaño Garfias de la edición electrónica del sábado 3 de marzo de La jornada (el vínculo anterior conduce ahí):

« Traigo bronca con la historia reaccionaria de bronce que nos quiso imponer el PRI; contra los revisionistas de derecha que quieren convertir a Iturbide en el simpático caballero que consumó la Independencia; contra el neopanismo y su intento de olvidarse del carácter de cura hereje de Hidalgo y traigo todas las broncas contra el clero. » Mis subrayados... y mi total acuerdo.

Por mi parte, tengo pendiente copiar y publicar la mitad del prólogo de Miguel de Unamuno a su narración, La tía Tula... para Lizette, para no perder la costumbre. Tengo también ganas de hacer una lista de lecturas presentes y algún otro comentario en la alacena. Tiempos extraños estos que corren, muy intensos, contradictorios, casi instantáneos; y como he dicho antes, me gustaría compartirlos con la escucha (con la lectura) pausada, constante, vigilante —para bien y para mal— de este otro espacio exterior que es el cibernético.

Pero de momento publico, en esta extraña imprenta/editorial personal, la suso-dicha declaración de Paco Ignacio. Desearía que nos sirviera de exhorto: a quienes nos dedicamos al estudio de la literatura para mirar más de cerca y mejor el trabajo de Paco Ignacio Taibo II (y escribir acerca de él), y a quienes tenemos (reconocemos) un compromiso social ineludible a prepararnos para festejar el bicentenario de la Revolución de independencia de México “desde la izquierda y desde abajo” (sabrán de quienes tomo prestadas las palabras).



« Hay una manera de olvido muy peculiar: la mejor y más potente manera de olvido es convertir a una figura histórica en calle, plaza o estado, y chinga a su madre, queda desvanecida en la nada. Hidalgo no es Miguel Hidalgo insurrecto, es una estación de metro igual que Allende. Es la desmemoria del falso homenaje, de la historia formal ».**


** Paco Ignacio TAIBO II, La jornada, art. cit. Las cursivas son mías.




Ciudad de México 20070418 0224 - 30 Nisan 5767

vendredi, mars 23, 2007

J’ai rêvé de toi

Fui a dormir esta mañana (sí, esta mañana) como a las 6h30 o 7h, después de una noche completa revisando una traducción. Creo que me acosté con hambre, pero ya me había lavado los dientes y, curioso en mí, el hambre no era entonces mi mayor urgencia. Terminé por irme a la cama. A pesar del cansancio y del definitivo estado de somnolencia en que me encontraba no me fue fácil conciliar el sueño; dormitaba un rato y despertaba al poco tiempo en un sobresalto.

Creo que fue así como llegué al restorán. Hice algunos esfuerzos por memorizar su nombre. Ahora creo que se llamaba Aramburu o Arámburo porque cuando empecé a entender el tipo de “negocio” que era pensé que hubiera sido más lógico que se llamara Peh Nam Bhuro… No recuerdo ni la entrada al lugar ni la recepción que debieron haberme dado. Borroso, en mi memoria, sólo me veo caminando hacia una mesa siguiendo a una mesera vestida de rosa —de un curioso tono de rosa— que llevaba un mandil blanco. De hecho, todo el lugar era rosa, había cortinas, pilares de piedra (tal vez de un mármol rosa veteado de negro), manteles. Al fondo, entre sombras, se veían las paredes más bien rojizas. El techo y todos los adornos del lugar eran dorados y el aire estaba tibio. Creo que olía a algo, quedaría bien si dijera ahora que era un aroma a especias pero, en realidad, ya lo he olvidado. Me senté. La mesera puso una servilleta blanca sobre mi mantel rosa y se fue sin decir palabra. Yo tenía mucha hambre.

— ¿A qué hora traen aquí el menú?

No sé de donde apareció un plano del lugar. Al centro de uno de los lados cortos de la construcción con disposición rectangular, la puerta —pequeñísima— flanqueada por muros masivos que se doblaban en escaleras y torres muy adornadas. Por dentro, una serie de pasillos concéntricos penetraban en las gruesas paredes que aislaban los espacios interiores. En los planos, en blanco y negro, el frente de la construcción daba a un atrio tachonado con círculos grises, como delgadas venas de carbón brillante en el papel gastado. De inmediato recordé el parque nebuloso y húmedo, el aire gris y las plantas de verde oscuro e intenso. ¿Campos Elíseos? ¿Emilio Castelar? Hiedras, troncos, rocío. El aire helado y limpio de la mañana que lastima y libera el respirar.

Era pesado y ya casi caliente dentro (había olvidado decir que el salón en que me encontraba era completamente circular, con un techo muy alto que no alcanzaba a ver porque mi mesa estaba casi completamente cubierta por un plafón más bajo… y rosa). Ceremoniosamente, regresa mi mesera a mi mente y puedo fijarme en ella. La cara redonda, bonachona y oscura; ya una señora pero no podría calcular su edad. Más una tía que una madre, con una cara conocida de pelo negro y lacio, que parecía haber sido cortado de un solo tijeretazo contundente, cayendo a los lados. Además de eso, sólo recuerdo que era muy blanco el blanco de sus ojos. Entendí que iba a colocar algo en la mesa y extendí mi mano en un movimiento automático. Algo se iba a partir en su expresión, su sonrisa se cuajó, me miraba fijamente. Sentí polvo y calor en mi mano, como una tela pesada. La mujer se rió con descaro cuando me di cuenta de que era pan lo que me había dado. Era anaranjado, o color de harina cruda... ¡No, era más bien rosa! como un costalito con trozos naranjas y relleno de algo. Yo empecé a comerlo mientras la mesera colocaba ahora una botella descomunal con un vino muy oscuro dentro, adornada con letras redondas —casi círculos. Traté de detenerla,

— No, gracias. No la quiero.

— Ya está incluida… o ¿no va usted a quedarse? — Ya en mi negativa, ella había adivinado algo más de lo que he dicho hasta ahora.

— Entonces, ¿no hay menú?

— No. No hay carta, aquí todos comen el mismo menú. — Dijo mirando a su alrededor el salón completamente vacío.

— ¿Y cuánto cuesta?

— Cinco mil — fue su respuesta. Y anticipando la siguiente pregunta, continuó — Es abundante, pero lo más caro es el veneno. Lo sirven a todos por igual, es que tienen demasiado. Tarda en actuar después del pato, las sopas y las tartas; se supone que las láminas de oro protegen el estómago, pero yo he visto que funciona sólo la mitad de las veces. No vaya usted a creer que son las hojitas de oro las que definen el precio. Es el veneno. Lo malo es que para cuando hace efecto ya se han ido de aquí, y ya no podemos ayudarles. ¿Va usted a quedarse? — El pan de crepa se me estaba fundiendo en los dedos. Sin pensarlo escarbé con dientes y lengua en mi mano desnuda unas dos o tres veces y boté el resto.

Me levanté. Tenía los ojos sucios y la garganta seca; llegué directamente a la cocina, dispuesto a comer lo primero que encontrara.





Ciudad de México 20070323 1931 - 5 Nisan 5767

samedi, novembre 18, 2006

Para Sergio
(porque ya no tenemos veinte años)

“[Coplas] de don Jorge Manrique por la muerte de su padre”

[i]

Recuerde el alma dormida,

avive el seso e despierte,

contemplando

cómo se passa la vida;

cómo se viene la muerte

tan callando;

cuán presto se va el plazer;

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parescer,

cualquiere tiempo passado

fue mejor.

[ii]

Pues si vemos lo presente,

cómo en un punto s’es ido

e acabado,

si juzgamos sabiamente,

daremos lo non venido

por passado.

Non se engañe nadi, no,

pensando que ha de durar

lo que espera

más que duró lo que vio,

pues que todo ha de passar

por tal manera.

[iii]

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

qu’es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

e consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

e más chicos,

allegados, son iguales

los que viven por sus manos

e los ricos.

Jorge Manrique [“Coplas a la muerte de su padre”], Poesía, Jesús-Manuel Alda Tesán (ed.), México, Red Editorial Iberoamericana, 1987, pp. 148-149 y ss.

Ciudad de México, 20061118 1601 - 27 Heshvan 5767